¡DEROGATORIA DE LA NEFASTA LEY DE LA REFORMA MAGISTERIAL Nº 29944!

martes, 7 de junio de 2016

A PROPÓSITO DE LA BATALLA DE ARICA DEL 7 DE JUNIO DE 1880

En esta batalla, la clase dominante de entonces mostró sus miserias. La plutocracia santiaguina con el apoyó de los capitalistas ingleses, aplastó a la plutocracia limeña: antinacional e incapaz, que mandó a los mejores hijos del pueblo a una muerte segura. Mientras Chile seguía sólido en su guerra de rapiña, luego de derrotar en la batalla del Campo de la Alianza (26 de Mayo 1880) a nuestro Primer Ejercito del Sur, en el Perú, las luchas faccionales por la captura del poder político eran una constante. 

El dictador Nicolás de Piérola, no contento con no haber socorrido al Primer Ejército del Sur, que comandaba Lizardo Montero, -a la sazón lugarteniente del defenestrado Presidente Mariano Ignacio Prado-, que libró la Batalla del Campo de la Alianza, su subordinado, el Coronel Segundo Leiva, quien comandaba el Segundo Ejercito del Sur acantonado en Arequipa, acatando sus órdenes, no auxilió al contingente militar que defendía la Plaza de Arica y que quizá hubiera cambiado el destino de la guerra. "Apure Leiva", suplicaba, en sus telegramas, el Coronel Francisco Bolognesi. Pero la decisión política era otra. En sus desvaríos sociopáticos, Pierola, tenía temor que en un hipotético triunfo del Primer Ejercito del Sur (Tacna-Arica), éstos se volvieran contra él y lo defenestren del poder político, y todo porque eran ejércitos "adictos" y conformados por el presidente traidor y fugado Mariano Ignacio Prado, a quien Piérola le dio un golpe de estado el 23 de Diciembre de 1879 por abandonar el país, en plena guerra, supuestamente para comprar armas.

Mientras la plutocracia chilena guerreaba con un objetivo político: apoderarse del salitre de Tarapacá, los sectores dominantes del Perú se enfrascaba en una lucha faccional interna. Pero como todo no es traición, el Coronel Bolognesi y sus lugartenientes salvaron el honor y la dignidad nacional, ofrendando sus vidas, aún sabiendo que la suerte estaba echada, y que estaban en desventaja en logística y hombres en relación al ejercito chileno-inglés. Chile no nos derrotó. Nos derrotó la irresponsabilidad de nuestra clase dominante, los mismos que antepusieron sus intereses de clase a los intereses nacionales. Esto es -como bien sentenció el mismo Bolognesi-: los culpables de la derrota fueron los que fugaron del país (encarnados en Prado) y los que asaltaron el poder (encarnados en Piérola). Fueron incapaces de construir un Estado-Nación. Luego de esta derrota, el Perú quedó a merced de los chilenos. Entonces la resistencia nacional fue asumida por el pueblo y el campesinado a través de las guerrillas, hasta que el hacendado Miguel Iglesias y un sector de la clase dominante: los hacendados del norte, centro y sur, al ver que sus tierras eran expoliadas e incendiadas por el ejercito arauco-chileno, capitularon vergonzosamente en 1883 (Tratado de Ancón), cediendo a perpetuidad Tarapacá y quedando "secuestradas" por diez años Tacna y Arica. 

Los hacendados, con esta traición, terminaron por darle el golpe final a la inepta plutocracia limeña, -que unos años antes se enriqueció con el guano, dándose una vida de derroche y suntuosidad-, la misma que fue incapaz de defender sus intereses en Tarapacá.



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